A fin de que un susurro
sea el enamorador de tus labios,
me acerqué a tu oído
para ser escuchado
solo por ti.
La transmisión de mi alma
congeló el tiempo
y retrasó el galanteo
cuando mi estornudo
hizo sonar
lo mas frágil de tu oído.
La bofetada que me diste
alcanzó a matarme por un instante,
esta gripe y tu sopapo
dislocaron mi amor.
Esto de ser desprevenido
me curó para siempre.
© Juan Ricardo Sagardía
(SANTOAMOR)


Bien ironía en tus versos, desde el Perú,te abraza, Julia