
Mis huesos se convirtieron
en cantos de pájaros secos,
el trinar muere en los días
sin que yo los pueda apreciar.
Ni aquellas fosas frías,
se asemejan a los golpes del viento
en mi rostro calando el latir,
que como quijada de burro
me da en el centro de mi sentimiento.
Huesos del poniente
se arrastran hasta aquí mientras
la luna cura mis heridas,
y después de las caricias dadas
quema el amor en el sueño.
Pobre este extraño mundo en mi cuerpo
en este lugar, duermo y muero
aún así me parece extraño sin sus caricias.
donde anidan los críos de inflexibles idealismos
las sombras desperdiciadas
como insólitos discos sin música
sin duración ni tiempo.
extraño muerto, sin un siglo
mis extremos creyendo tocarte la piel
Cansado doy rienda suelta a mi sonrisa,
no quiero salir del camino
pues todo dajaría de vivir
en la cumbre soberana de las formas,
si no te puedo ver mas amor.

Sigo opinando que tienes un toque Bequeriano precioso.
Besos