El muchacho emprende la lucha
el período de crecer prospera
un lugar aparte la gracia de Dios
al costado el cáliz
que sobre pasa nuestras fuerzas.
Pero el sueño disloca
Emprendo de nuevo la historia
la acción trae el equilibrio
en la morada ciega,
que quieta taladraba mi sien.
El albor se une claramente
con el eco lejano
que se había vuelto impasible.
Rosetón demencial, con el acto decisivo
impugna mi potencial.
Dificultando el lapso que elegí para vivir.
Flemático carmesí tu fulgor
corres rectamente hacia que el día
pasando de un extremo a otro,
probando el cielo sin nubes
mientras el calor consume mi agotamiento.
Juan Ricardo Sagardía
SANTOAMOR

























